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Entrevista a profesores Colegio Alcázar de Las Condes

Mónica Albornoz, profesora de Lenguaje:

“Los alumnos le dan absoluto sentido a nuestra labor”

Desde 1996, la profesora Mónica Albornoz realiza clases de Lenguaje en enseñanza básica en el colegio Alcázar de Las Condes, también pasando por el cargo de Inspectora. “Mi estadía en el colegio ha sido una gran experiencia. No solamente representa una estabilidad laboral, sino que para mí ya es un vínculo más valioso. Es aquí donde aprendí a ejercer mi profesión. Además, formé lazos estrechos con las personas que forman parte de éste”, señala agradecida.

Mónica dice tener lindos recuerdos, luego de tantos años de trabajo en el establecimiento, del que además, sus hijos son ex alumnos. Sin duda, la situación actual ha significado cambios en la forma de trabajo y en la relación con sus alumnos. “Ha sido un gran desafío para todos, incluyendo no solo a los docentes y funcionarios del colegio; sino además para los alumnos. En mi caso particular, incorporar muchos conocimientos en cuanto a las tecnologías de manera abrupta. Quizás, en otras circunstancias, no los habría adquirido cabalmente”, comenta.

Respecto a esta nueva realidad de las clases virtuales, la profesora Albornoz señala que el motor principal para enfrentar este desafío han sido los alumnos. “Tuvimos que desarrollar tanto nuestras potencialidades profesionales, pero también, nuestra fortaleza espiritual y transmitirla a los alumnos. Ellos, al fin y al cabo, le dan absoluto sentido a nuestra labor. Sin duda, uno de los mayores  aprendizajes en estos últimos años”.

Por último, la profesora Mónica Albornoz se da unos minutos para felicitar a sus alumnos “porque a pesar de lo difícil de la situación, ellos han asistido a las clases y han cumplido con sus deberes. Este ha sido, sin duda, un período para reflexionar profundamente. También lo tomo como una oportunidad de la vida. Lo principal, y lo que siempre les trato de transmitir a mis alumnos, es que seamos mejores personas. Que desde el lugar que nos toque ejercer en la vida, podamos ayudar a otros. Que miremos hacia el lado porque siempre habrá alguien a quien ayudar y brindarle nuestro amor”, expresa.

Luis Espinoza, profesor de Educación Musical:

“El colegio me ha permitido desarrollar un crecimiento en lo humano y profesional, que me ha alegrado la vida”

Hace 25 años, desde el primer día de existencia del colegio Alcázar de Las Condes, el profesor Luis Espinoza, inició su trabajo en sus aulas. “Ha sido como mi segundo hogar, donde parte importante de mi tiempo lo he compartido con mis alumnos y sus vivencias, más los afectos de mis queridas amigas y amigos que han llenado mi vida profesional y laboral”, señala.

Como docente, reconoce el respaldo y credibilidad tanto del Colegio como de la Fundación, en proyectos pedagógicos orientados a la investigación y  la extensión artística y cultural, dinámicas creativas en eventos internos y la concreción de una sala de música de alto estándar, de lo que está muy agradecido. “En general se me ha permitido desarrollar un crecimiento en lo humano y profesional, que me ha alegrado la vida”, asegura.

En relación a este último tiempo, en el que ha debido adentrarse en el mundo de las clases virtuales, el profesor Espinoza señala que “ha sido una gran experiencia bajo modernas dinámicas tecnológicas, que me han permitido visualizar novedosos caminos en las interacciones humanas con mis alumnos y en las áreas pedagógicas del futuro”. Sin duda, la cercanía física es importante al momento de impartir clases, pero el docente rescata el lazo estrecho que se ha podido generar con sus alumnos, debido a la cercanía visual que le ha permitido una comunicación distinta.

“Me agrada la cercanía que se ha generado con mis alumnos y alumnas con este nuevo sistema pedagógico, donde la imagen permanente y cercana permite una interacción directa y más plena de afectos”, finaliza.

Ximena Díaz, profesora de Historia:

“Si pudiera resumir en una sola palabra mi vivencia en nuestro Alcázar, diría: gratitud”.

En marzo de 1995 el colegio Alcázar de Las Condes abría sus puertas y la profesora Ximena Díaz esperaba adentro a tantos alumnos que llegarían a aprender con ella. Como profesora de Historia y asumiendo una jefatura, cuenta “ha sido un tiempo precioso, enriquecedor, amable, tremendamente grato, pues mi colegio me ha permitido crecer como persona y como profesional, pero por sobre todo, me ha regalado una linda familia, la cual me ha hecho vivir experiencias maravillosas y gratificantes. Si pudiera resumir en una sola palabra mi vivencia en nuestro Alcázar, diría: gratitud”.

Con tantos años de trabajo en el colegio y acostumbrada a las clases presenciales, uno se imagina lo difícil que debe ser para un profesor no estar presencialmente con sus alumnos. Sin embargo, la profesora Díaz señala que nunca ha dejado que el contexto de la pandemia la obligue a desconectarse o limitarse y cuenta que “desde el primer minuto en que debimos dejar las dependencias del colegio para recluirnos en nuestras casas, nunca sentí una desconexión de mi labor como profesora, al contrario, surgieron de parte de todos los estamentos del colegio, redes de apoyo y trabajo colaborativo para seguir estando cerca de nuestros alumnos, para apaciguar sus incertidumbres y temores y dar confianza a nuestra comunidad (alumnos y apoderados) que su colegio seguía tan presente como siempre”.

Y el desafío ha sido muy grande, porque además de educar a distancia, los profesores han sentido la necesidad de conectarse más allá con sus alumnos. “Si educar es una tremenda responsabilidad en tiempos normales, en pandemia, se ha hecho esencial, no solo en lo que respecta a seguir entregando conocimientos a nuestros niños, sino que por sobre todo, darles contención, comprensión, empatía, frente a tanta incertidumbre que ronda en estos días”.

Resalta que, positivamente, la pandemia ha entregado la oportunidad para estrechar aún más los lazos de cariño con los alumnos y que sin duda, estos serán indelebles.

En el Día del Profesor, Ximena Díaz, ha querido destacar la entereza, la fuerza, la energía y la resiliencia de los alumnos y sus familias. “Estos tiempos difíciles han permitido demostrar de los nobles materiales en que se ha forjado la familia alcazariana y de sus altos valores y virtudes, pues conmueve cómo todos los días los niños se sientan frente a la pantalla, enfrentando el futuro sin quejarse de este extraño presente, con una actitud alegre y optimista a pesar de la añoranza de estar junto a sus amigos, compartiendo con ellos en la sala de clases o jugando alegremente en los patios de su colegio”, expresa con cariño.

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